| Algo sobre mi
La experiencia es intransferible. No
obstante, hay veces por haber uno tenido mas tiempo, o quizás al tener una
pizca mas de sensibilidad, se ven cosas, y uno intenta dar cuenta de esa
percepción de las cosas. No correcta ni incorrecta. Solo una perspectiva más,
que quizás sea, en algún caso, útil.
Mucha gente que me conoce hace años, me está diciendo que recién ahora,
entienden lo que decía (y hablamos de más de 15), lo que hablaba. Habiéndome
formado en un colegio católico, (Colegio Manuel Belgrano de los HHMM) y criado
en una familia de intelectuales católicos y conservadores, era absolutamente
inadmisible, dejar los estudios o apartarse de la "buena senda", de la
carrera profesional y del trabajo diario. Pues yo lo hice. Deje los estudios, y
me dedique años a la introspección, deje de lado trabajos de organización de
eventos (en ese entonces "Evenig Star Producciones") me recorrí
cuanto centro de estudio había sobre lo humano, presencie cuanta ceremonia
evangelista, umbanda o de lo que sea había. Pero no iba a ver que decían
solamente, sino a ver a la gente, con sus necesidades y expectativas,
escuchando al maestro, cura, brujo o sacerdote había frente a ellos, yo
analizaba lo que después llame, la "matriz de tensión" (utilizaba términos
que había adquirido en mi formación en ingeniería y luego de dedicarme al
deporte, en la carrera de kinesiología. Mi formación en matemáticas,
biología, física y filosofía -por haber entrado a la UCA- era bastante sólida).
Corría el año 1990. Algo latía y pujaba en mi con la fuerza de mil terremotos,
a veces hasta me destrozaba el cuerpo. Todo el mundo siempre tiene una
respuesta, un consejo. Debo decir que nadie, pero absolutamente nadie me dijo
algo que me sirviera. Al contrario, las señales, el silencio, y la
indiferencia, hablaban por si solos. Solo me dejé ir. Sentí las señales de mi
cuerpo, de mi mente y de aquello que por herencia católica podemos llamar
espíritu o alma. Me guió siempre una certeza. Escribí por aquellos años que,
existe algo como resonancias de un destino puro, que nos guía. Mi formación
racionalista, siempre, me ponía en jaque. Me tomaba años resolver un enigma.
(Por ejemplo, el tema del alma para mi, no era metafísico, pues me di cuenta que
no me llevo bien con las demarcaciones [ver problema de la demarcación de Kant],
estas a veces caprichos del consenso científico) Trataba de encontrar siempre
una explicación aunque desprolija, pero suficiente como para arrancar los
misterios de las garras del esoterismo. Una vez escuché una definición de
misterio que me encantó: "El misterio es aquello que carece de explicación
pero que es dador de sentido" (Gracias Sergio) Me gustaba pero quería dar
un paso más: Encontrar una pauta que conecte todas las esferas de
conocimiento. Mientras el conocimiento digamos de los misterios, la vida, la
muerte, la existencia, estén en manos de la la religión no nos servirá de
mucho. Soy igual que vos que lees esto, solo que quizás, no te has detenido lo
suficiente a pensar estas cosas, o, las vicisitudes de la vida cotidiana, no te
lo permiten. No es lo mas común, que una persona, con una vida normal, caiga en
manos de planteos como estos, solo cuando estamos frente a la enfermedad
terminal (para mi terminal son la de los micros, ya hablaremos de esto) propia o
de un ser querido, o frente a una crisis profunda de cualquier índole, nos
ponemos a buscar, a indagar, en todos lados...
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